
El Foro Social del Rototom vivió ayer uno de sus momentos más importantes y emotivos, recibiendo a Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz, abogada y activista por los derechos humanos, la igualdad y la democracia. La periodista Rosa María Calaf entrevistó a esta luchadora iraní ante cientos de personas que, entregadas, seguían atentamente cada una de sus palabras.
Ebadi puso de manifiesto las dificultades que viven los iraníes cada día debido a la pobreza y a un régimen que reprime y censura. “Irán es una gran cárcel”, dijo la Premio Nobel, pues es el país del mundo con más periodistas encarcelados y con un buen número de civiles que también han sufrido prisión y torturas por protestar contra el gobierno. No obstante, Ebadi se mostró convencida de que “hay fuego bajo las cenizas”, de que la violencia del régimen no va a acabar con las protestas y de que la gente va a seguir reclamando sus derechos. Puntualizó, sin embargo y al hilo de la conocida como Primavera Árabe, que “no es suficiente con que se vaya un dictador”, sino que, después, “hay que construir la democracia”.
Por otro lado, Shirin Ebadi quiso denunciar cómo los dictadores corruptos depositan su dinero en los bancos europeos, compran acciones de las empresas europeas, visitan Europa -incluso pasan temporadas viviendo aquí, en grandes palacios- y son recibidos con honores por nuestros gobiernos. “No permitan que el dinero sucio de los ladrones acabe en Europa. Hagan lo posible por limitar el mundo de los dictadores y sus familias”, rogó la activista al público en la sala.
Ebadi destacó también cómo el gobierno iraní ha aprobado leyes totalmente discriminatorias hacia la mujer, que establecen, por ejemplo, que la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre. Pero, a pesar de todo, Ebadi cree
firmemente en el potencial de lucha de las mujeres iraníes y, de hecho, asegura que “serán las mujeres en Irán las que abrirán el camino hacia la verdadera democracia”.
Es Shirin Ebadi una mujer que molesta al gobierno iraní. Por eso ha sido incluso amenazada de muerte. Tras las protestas ciudadanas de 2009, reprimidas violentamente por el régimen iraní, Ebadi acudió a denunciar esta situación al seno de la ONU. Como medida de presión para hacerla callar, su marido fue encarcelado y torturado. “Yo quiero mucho a mi marido, pero quiero más a la justicia”. Después, detuvieron a su hermana. “Yo quiero a mi hermana, pero
quiero más a los derechos humanos”. Al poco tiempo, confiscaron y vendieron todas sus propiedades. “Valoro mis propiedades pero valoro más la democracia”. Sobran más palabras. La lucha de Shirin Ebadi continúa y es tan fuerte su sed de paz, justicia y democracia que nada la frena. No tiene miedo a nada, ni siquiera a la muerte.
Celia Naharro Salas
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