
Una de las caras más conocidas que estos días se están dejando ver en el Rototom es la del actor y activista Willy Toledo, que este año participa en varias actividades del Foro Social y que, además, está aprovechando para disfrutar del festival. Asegura sentirse feliz aquí, encantado con el ambiente y, sobre todo, con esa maravillosa mezcla entre la música y el compromiso, entre el reggae y la política.
“Que la gente, además de disfrutar con la música, tenga la oportunidad de entender mejor muchos de los conflictos que se están sucediendo en el planeta y de conocer por qué suceden muchas de las injusticias que se cometen en el mundo es muy interesante. Eso hace único a este festival”, añade.
Y es que, para Willy Toledo, la toma de conciencia del mundo en que vivimos es fundamental, “ser consciente de lo que sucede, saber la tierra que piso, quiénes son los responsables del dolor profundo que se está causando a la humanidad”. Asegura que para ello, en primer lugar, intenta no conformarse con la información que ofrecen los medios de comunicación tradicionales, yendo más allá e investigando a través de otros medios. Después, dice, no le queda más remedio que trabajar para intentar cambiar las cosas, aportando su granito de arena.
Esa lucha, según explica, se basa en desenmascarar a los poderosos, “intentando deslegitimar en la medida de lo posible sus actitudes, sus formas injustas de vivir y su manera de controlar a las sociedades”. Sabe de la polémica que han levantado a veces sus opiniones y manifestaciones públicas pero asegura que no le importa que desde ciertos sectores le insulten o vilipendien, ya que “el día que me aplaudan y me besen estaré haciendo las cosas muy mal”. “Me congratulo de no ser una persona cómoda para el poder”, confiesa.
Es en el teatro donde Willy Toledo -a través de su compañía, Animalario- puede hoy unir su profesión con su compromiso político, ya que “en la televisión y en el cine es imposible hacer algo que ponga en cuestión los cimientos del sistema”. Está convenido de que el teatro es una herramienta útil para mover conciencias y ayudar a construir otro mundo posible. “Con cuatro sillas y una mesa se puede hacer teatro y eso da la libertad, la posibilidad y la responsabilidad de tomar las riendas de un proyecto de principio a fin”, explica.
Toledo volverá después del verano a girar con la obra Penumbra y a principios del próximo año quieren estrenar la obra El Montaplatos, de Harold Pinter.
Celia Naharro Salas | Trad: Andrea Polverini
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